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dilluns, 7 d’octubre de 2013

La familia "García Ferrer"

Aquella noche de principios de septiembre de 2012 Jordi Ferrer no podía dormir. Daba vueltas en la cama, nervioso por la trascendental decisión que estaba a punto de tomar. Le había costado mucho llegar hasta aquella situación, pero no le habían dejado otra alternativa. Desde hacía unas semanas había estado barajando las opciones junto a su hermana y aunque ella aún albergaba alguna esperanza de un algún giro inesperado en la situación, estuvo de acuerdo en que debían tomar esta decisión.

Pero para entender la gravedad del momento debemos viajar en el tiempo hasta 1990, cuando Dolors Piqué (viuda de Jaume Ferrer) contrajo matrimonio en segundas nupcias con José García, su vecino de toda la vida. Dolors Piqué era la madre de Jordi Ferrer, su padre había muerto seis años atrás, cuando Jordi solamente tenía 14 años y su hermana Anna contaba con 8 añitos. Aunque al principio Jordi no estaba muy convencido con este matrimonio, poco a poco se convenció que a lo mejor no era tan malo, su madre estaba contenta y con el matrimonio llegó una casa mayor, ya que, al ser casas contiguas, tiraron un tabique y las unieron en una casa más grande, y la verdad es que salieron ganando, porque la casa de José García era mucho más grande que la de los Ferrer.

En cuanto al trabajo, José García (su padrastro) tenía un bar y su madre un negocio textil, donde hacía sus propios diseños. Decidieron que cada uno se encargaría de su propio negocio y aportarían dinero para los gastos comunes del hogar. Desde el año anterior Jordi ayudaba a su madre en la tienda, se le daba muy bien, y en poco tiempo ya había aprendido mucho acerca no solo del diseño, sino también del trato con los clientes y del arte de la negociación.

Así pasaron los años y fueron años felices. Jordi y Anna enseguida entablaron una bonita relación con sus hermanastros: Juan (dos años mayor que Jordi), Maite (la mediana) y Pedro. A pesar que amaba a sus hermanastros Jordi siempre se llevó mejor con Pedro, el benjamín de hogar, siempre alegre, era mucho más moderno que sus hermanos, y esto a Jordi le gustaba.

Todo cambió el 1 de noviembre de 1993, cuando Dolors Piqué falleció en un accidente de coche. Para Jordi y su hermana Anna fue muy duró. Pero aun no había llegado lo peor. Al morir su madre, su padrastro, José García, se transformó, se volvió huraño, siempre estaba de mal humor, en la familia García Ferrer empezaron a temer sus bruscos cambios de humor y sus gritos. Todos menos Juan, claro, el niño de sus ojos. Desde pequeño José había sentido un amor especial hacia Juan, también por sus otros dos hijos Maite y Pedro, pero su Juan era especial. En cuanto a Jordi y Anna, si siempre había estado un poco distante, esta distancia se acentuó.

Los siguientes meses fueron muy duros, hasta que un 11 de septiembre José García llamó a Jordi para hablar con él a solas:

-          A partir de ahora, me vas a dar todo el dinero que ganes en las tiendas que tenía tu madre y yo lo administraré. Además, quiero que le cambies el nombre, quiero que lo llames “García”.
-          Cómo? - Jordi estaba desconcertado, ya hacía un par de años que él solo se ocupaba prácticamente del negocio, su madre así lo había querido – Pero porque no seguimos como hasta ahora? Siempre ha funcionado bien,  aportábamos una parte y el resto lo reinvertíamos en el negocio y lo utilizábamos para nuestros pequeños gastos. Gracias a esto el negocio ha ido creciendo y ahora tenemos tres tiendas.
-          Que sea la última vez que me contestas. Cuando yo digo que me vas a dar todo el dinero y yo lo administraré me lo das y punto!
-          Como puedes ser así, tan solo hace un par de meses que mamá ha muerto y me sales con éstas, no respetas nada! Ni siquiera podemos hablarlo? – Jordi estaba atónito y terriblemente enfadado. Aquel negocio lo tenían desde hacía dos generaciones y sus padres habían sufrido mucho para levantarlo.
-          No hay nada que hablar! Esto se hace por mis cojones! – gritó su padrastro
-          Pues no estoy de acuerdo! – le contestó Jordi

Lo siguiente fue todo muy rápido, su padre se levantó y antes que Jordi pudiera reaccionar ya había recibido el primer puñetazo en la nariz. Cayó al suelo, aturdido. Intentó levantarse pero notó una patada en las costillas. Consiguió escabullirse de los continuados golpes que su padre le asestaba, José García estaba enloquecido, Jordi empezaba a temer lo peor, tenía que defenderse. Aunque su padre era mucho más voluminoso y fuerte estuvieron peleando cerca de 20 minutos, finalmente Jordi recibió un golpe en la cabeza que su padrastro le asestó con una silla y perdió el conocimiento.

Despertó unos días después, su hermana estaba horrorizada a su lado. Le pidió que por favor no discutiera más las decisiones de su padrastro, que lo iba a matar.

Cuando Jordi ya pudo levantarse fue a la tienda principal, el mundo se le cayó encima cuando vio que habían retirado el antiguo cartel de “Tèxtils Ferrer” por uno donde se leía “Téxtiles García”. Su padre lo vio y salió de la tienda. Le hizo entrar y lo que le dijo a Jordi nunca lo olvidaría:

-          Hijo, te voy a perdonar lo que me hiciste. Pero tengo que decirte un par de cosas. Los abogados y el notario encontraron que en el testamento de tu madre había un error de forma. Así que no es válido, de manera que todo el patrimonio que ella os dejó pasa a mi poder. – Entonces fue cuando puso una mirada de odio que Jordi no conocía -  La próxima vez, te repito, la próxima vez que vuelvas a revelarte contra mi o contra nuestra familia te mataré a ti y a tu hermana! Lo has entendido? Podría dejarte en la calle, pero por respeto a tu madre…
-          A mi hermana no la toques, ella es una niña y no tiene culpa de nada.
-          Eso depende de ti.

Durante los siguientes años la vida de Jordi fue un infierno. Se arrastraba todas las mañanas hasta las tiendas para sacar el negocio adelante. Solamente su espíritu trabajador y la esperanza que algún día aquello cambiara le hacían avanzar. Jordi sentía que estaba cautivo en una vida que no era la suya. Tal era el odio que su padrastro sentía hacia él que prohibió que él y su hermana hablaran catalán en su casa. Fue muy claro: “si os vuelvo a oír hablar catalán en mi casa, no os daré ni un duro”. Lo peor es que estaba hablando del dinero que Jordi y Anna ganaban con el sudor de su frente.

Más de una vez pensó en irse de casa, pero no podía renunciar  a aquella gran casa que estaba situada en el mejor sitio de la ciudad. Pero por encima de todo, no podía renunciar a sus raíces, aquella casa la habían levantado sus antepasados con el sudor de su frente.

Tres años después murió José García. Jordi disimuló por respeto a sus hermanos, pero por dentro se alegraba de la muerte de aquel hombre que se lo había robado todo con la colaboración de su amigo Santiago Sánchez, el notario. Intentaría demostrar que el testamento de su madre era válido.

Pero su alegría duró muy poco, cuando Juan le hizo saber que nada iba a cambiar. Que no iba a permitir que nada cambiara. Jordi intentó razonar con él, pero no hubo manera ni siquiera de empezar a hablar. Jordi y Anna tuvieron una gran decepción, pero la mayor decepción se la dio Pedro, su hermanastro menor, al que tanto amaba, ya que, cuando les explicó la situación calló y se remitió a responder que aquello dependía de Juan y Maite.

Pasaron los años y todo seguía igual, ahora Anna trabajaba con Jordi. Las tiendas necesitaban crecer, cada vez tenían más clientes, hay que reconocer que en parte, gracias a la ayuda de los clientes del bar de Juan y de las amigas de Maite que ayudaron a dar a conocer sus tiendas. Jordi decidió hablar con Juan:

-          Oye Juan, necesito dinero para invertir en otra tienda y personal, no alcanzamos a producir toda la demanda que tenemos, piensa que esto será beneficioso para todos. Ganaremos más dinero. Tu sabes que lo necesitamos.
-          Está bien, te puedo dar 200.000 pesetas – Le ofreció Juan
-          Qué?!?! Con eso no tengo ni para empezar, necesito mucho más, es totalmente injusto que con el dinero que dan las tiendas no inviertas más que eso.
-          Qué egoísta eres Jordi! Cada día tienes tu plato en la mesa, a ti y a tu hermana no os falta de nada y aun me dices que es injusto. Tu hermanastra Maite necesita dinero, aunque gane menos que nosotros tiene derecho a una paga. Y que me dices de Pedro, como guitarrista no gana lo suficiente y también hay que alimentarlo.
-          Juan por favor, no seas demagogo, hace 2 años que no hago vacaciones, me compro únicamente la ropa que necesito y mis únicos caprichos son ir al cine de vez en cuando con mi novia  y al campo algún domingo. Pedro no para de viajar y Maite gasta una barbaridad en ropa. Encima, lo único que te pido es dinero para invertir, no es ni para mi, y me dices que soy un egoísta!
-          200.000 pesetas, ni un duro más.

Y así pasaron los años, negociando con Juan hasta el último céntimo de reinversión en el téxtil, desde el inicio las tiendas producían mucho más dinero del que recibían para reinvertir. En cambio el bar había ido ampliándose exponencialmente. Incluso había abierto otro bar, que duró 6 meses y Juan se vio obligado a cerrar. Con las consiguientes pérdidas que se pagaron con dinero de las tiendas.

No todo era negativo. Realmente el bar, después de todas las reformas era un bar genial, tenía productos de primerísima calidad y empezaba a funcionar bastante bien. Y aunque Maite y Pedro gastaran más de lo que tenían los siguientes años fueron de relativa calma. Con Pedro se llevaban muy bien, era muy bueno con la guitarra, compartían libros, películas, salían al campo, hablaban de la actualidad y de política, donde tenían posiciones parecidas, ya que tanto Pedro como Jordi eran bastante progresistas, al revés que Juan y Maite. Pero cuando Jordi sacaba el tema de la reinversión de los negocios Pedro se hacía el sordo y eso entristecía enormemente a Jordi.

Fue en aquella época que Jordi Ferrer conoció a Susana Martínez y se enamoraron. Fueron felices durante muchos años, y en julio de 2004 se casaron. Fue un gran acontecimiento, uno de los días más felices de su vida. Únicamente superado cuando, dos años después, nació su primer hijo, al que llamó Jaume, como su padre.

Siguieron años felices, los tiempos avanzaban y la modernidad se abría paso, aunque a veces costaba un poco que llegara a casa. Como aquella vez que Jordi habló con Juan para poner internet en casa y Juan, reticente un tiempo, solo accedió cuando también se lo pidieron Anna, Pedro e incluso Maite. Las tiendas funcionaban bien, aunque siempre con el problema endémico de la falta de inversión. Incluso llegaron a un acuerdo Juan y Jordi de llamar a las tiendas “García Ferrer”. Aunque Jordi seguía creyendo que era injusto, accedió, más vale pájaro en mano que ciento volando, pensó. Jordi empezaba a creer que podría ser feliz en aquella nueva situación.

Todo cambió en 2010, el pequeño Jaume crecía y Jordi se reunió con Maite, Pedro y Ana (Juan estaba de viaje) para hablarle de una reforma en la parte de la casa que antiguamente había pertenecido a su madre (y que Jordi no renunciaba a su propiedad, ya que aun luchaba para que se reconociera el testamento de su madre). Jordi les propuso remodelar una habitación para el pequeño y reformar la cocina y el baño de aquella parte de la casa, que ya estaban muy antiguos. Al principio Maite y Pedro se negaron, no querían que Jordi creyera que aquella era su casa, no querían ceder a la verdad que les inculcó su padre. Pero al cabo de unos días, después de ceder unos y otros, todos estuvieron de acuerdo.

Cuando todo parecía ir bien, llegó Juan de su viaje y cortó el proyecto en seco. Aunque Pedro intentó hacer cambiar de opinión a Juan (Maite se hizo la sueca), para Juan el tema estaba zanjado. Aquello fue una losa para Jordi, Anna y Susana. Además de esta decisión unilateral, la crisis económica de aquellos últimos años los tenía asfixiados. Juan seguía repartiendo a su modo, que era el siguiente: Jordi y Anna siempre perdían dinero. Aunque estaban de acuerdo en ayudar al resto de sus hermanos no tenía sentido que Pedro se hubiera comprado un coche nuevo cuando ellos tenían el mismo desde hacía 12 años. Por no hablar de las continuas reformas en la parte de la casa que pertenecía a los García originalmente.

Pero la gota que colmó el vaso, fue el día que Juan se empezó a meter en la educación de Jaume. Según él no veía normal que solamente le hablaran en catalán. Aunque le explicaron que con casi todos sus amigos y con sus tíos Jaume hablaba un perfecto castellano y que sacaba muy buenas notas, Juan seguía empeñado en que en casa deberían hablarle en castellano. Si hasta su madre Susana, castellano-hablante de origen andaluz, estaba de acuerdo en hablarle catalán a su hijo. Sencillamente era una discusión absurda, no había problema alguno, parecía que los viejos odios de Juan heredados de su padre volvían a la luz. Esto era el colmo, no podían continuar así, aunque Jordi hubiera vivido arrodillado, su hijo no merecía aquella vida, no permitiría que su hijo creciera renunciando a una parte de sus raíces!

Después de hablarlo con su hermana Anna, el novio de Anna y con Susana, reunieron todos sus ahorros y fueron en busca de un buen bufete de abogados que estudiara el caso del testamento de su madre. Después de infinitas reuniones y de búsqueda de documentación llegaron los frutos. Aquella anulación de testamento tenía muchos defectos de forma, de manera que los abogados creían que en un juicio teníamos muchísimas posibilidades que se reconociera.

Ya eran las 4 de la mañana del 11 de septiembre de 2012, ya en el presente Jordi seguía revolviéndose en la cama. Hacía 19 años de aquella paliza de su padrastro. Al día siguiente él, su hermana y su mujer hablarían con el resto de la familia y les explicarían la historia del testamento de su madre, les explicacirían que querían independizarse. A su hermana le daba pena separar las casas, pero Jordi, Susana y el novio de Anna le hicieron ver que lo habían intentado todo para convivir juntos, pero el futuro de sus hijos dependía de separar las casas y recuperar su negocio.

Así lo hicieron, esperando que los García reconocieran la realidad y que pudieran llegar a un acuerdo para separar las casas. Serían buenos vecinos, pues a pesar de todo, eran sus hermanastros y los amaban. Pero la actitud de los tres hermanos García y de sus parejas fue de desprecio total. Le siguieron semanas de discusiones y amenazas, su argumentación era la de meter miedo en el cuerpo de los Ferrer. Que no serían capaces de salir adelante, que si habían pensado en los recibos de la luz, el agua, la comunidad.. Que el resto del vecindario se iba a poner en su contra, que si eran unos traidores y no les querían… Los Ferrer intentaron hacerles entender que claro que les querían, pero había llegado el momento de que cada uno hiciera su propio camino, que querían independizarse.

Jordi habló con Juan, no hacía falta llegar a los tribunales, que no les querían ningún mal, que lo mejor era llegar a un acuerdo. Juan al principio no quería ni hablar del asunto, no acababa de entender la situación, pensaba que era un cabreo tonto y que se les pasaría. Pero al ver que pasaba el tiempo y Jordi le seguía insistiendo que si no colaboraban se verían obligados a ir a juicio, Juan decidió cambiar de estrategia. Un día le dijo:

-          Está bien, vamos a hacer una cosa, hacemos la reforma de vuestra parte del piso que querías hacer, e invertimos un poco en las tiendas. No se hable más.
-          Juan, creo que no acabas de entender que ya no queremos reformas, ni migajas para invertir. Lo que nosotros queremos es tener nuestra propia casa, nuestro propio dinero, nuestra propia vida, nuestra mezcla de idiomas, queremos vivir libres Juan. Os seguiremos queriendo e incluso os ayudaremos cuando lo necesitéis, pero ya no puedo aceptar los pequeños apaños, ya no me fío de ti. Queremos vivir libres.
-          Eres un necio, ya no recuerdas como acabaste la última vez que le hablaste así a mi padre?
-          Juan, me estás amenazando con la fuerza física a estas alturas?
-          No…Perdona. Pero ni hablar del resto. Nunca tendréis vuestra propia casa ni vuestro propio negocio.



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Este escrito es solamente una metáfora. No es mi intención ofender a nadie.

Pseudónimo: “La vida no s’atura mai”

Sant Adrià de Besòs, 07 d’octubre de 2013

11 comentaris:

  1. Brillant! Felicitats!

    Un Montgatí.

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  2. Moltes gràcies, quina il.lusió, el primer comentari al meu blog! jajajaj

    Va, començo jo: En José García pare és Felip V

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  3. Impressionant! És molt bona.

    Una Palafrugellenca

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  4. Moltes gràcies!

    Dolors Ferrer, en una primera part seria Ferran d'Aragó (dels reis catòlics), però la seva mort també podria ser la de Carles II, que va desencadenar la guerra de successió

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  5. En el mateix blog tinc unes reflexions personals sobre el conflicte Catalunya-Espanya. Per si a algú li interessa. Clickant sobre el títol del blog i baixant cap avall van sortint...

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  6. L'autor ha eliminat aquest comentari.

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  7. Molt bo, m'ha agradat moltíssim... qualsevol paregut amb la realitat NO és pura coincidència, Una salutació.

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  8. Bon relat, espero que la relació de les dues famílies continui independent, amb bona amistat i respecte.
    Xavi Caldes de Montbui.

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  9. Se te ha olvidado comentar que el textil estaba arruinado y que sobrevivia gracias a la hipoteca de ambos negocios de forma que cuando Jordi queria separarse se referia solo a llevarse los activos porque el textil no recibia creditos de nadie en el mercado, vamos como si fueran bonos patrioticos.

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